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Agricultura Sostenible

Históricamente, la agricultura, en el sentido amplio, tenía como único objetivo la simple producción agrícola y ganadera, sin tomar en cuenta algún principio de sostenibilidad. La tradicional producción agropecuaria que en tiempos recientes se volvió más comercial, ha resultado en una dramática conversión de bosques en tierras agrícolas, en la fragmentación, destrucción y pérdida de hábitats naturales, la intensificación agrícola de tierras ya convertidas, la erosión de suelos y la subsiguiente sedimentación de los ríos, y en el avance de la frontera agrícola en zonas boscosas anteriormente poco intervenidas.

Como resultado, la modalidad de la agricultura intensiva comercial tuvo un fuerte impacto negativo sobre la biodiversidad a todo nivel. La diversidad e integridad de los ecosistemas, de las especies, y de los genes se han visto gravemente perjudicados por la amenaza contínua que representa la expansión agrícola no sostenible. Además, el surgimiento de agroindustrias fuertes a gran escala creo condiciones en la cual agricultores pequeños no podían competir y se vieron forzados a vender sus fincas, empezar a laborar para la grandes agroempresas, o migrar hacia las ciudades en búsqueda de empleo, lo que en la realidad redujo la calidad de sus modos de vida y en muchos casos ocasionó una mayor pobreza entre las poblaciones rurales y urbanas afectadas.

A partir de la década de los setentas, sin embargo, nacieron varios movimientos agroambientales, enfocados en el fomento de sistemas agropecuarios más amigables con el ambiente, más equitativos y rentables socioeconómicamente y, por ende, más sostenibles. Se puede mencionar a los movimientos de la agricultura orgánica, la agricultura biológica, la agricultura biodinámica, la permacultura y la ecoagricultura, todos ellos diferentes formas del concepto que hoy conocemos como la agricultura sostenible. Esta tiene como fin, no solo la satisfacción de las necesidades básicas de fibra y alimentos humanos como fue históricamente el caso en la agricultura tradicional, sino también la mejora de la calidad de vida de los agricultores, la conservación de la biodiversidad, y el aumento de la calidad de los suelos, del agua y del aire. Además, pretende ser económicamente más viable y socialmente más justa.

Es un sistema integrado de técnicas de producción agrícola que se aplica en un lugar determinado y que hace uso eficiente de los recursos productivos existentes sin degradarlos. Respeta la flora y fauna del sitio al reducir la cantidad de agroquímicos utilizados, como los fertilizantes y pesticidas. El control tradicional de plagas mediante el uso de plaguicidas, por ejemplo, es reemplazado por el manejo integrado de plagas (MIP) basado en prácticas más biológicas, incluyendo el control orgánico. Una muestra del éxito de esta técnica presenta el control natural del escarabajo del pepino. Estos insectos forman una de las plagas más serias de las cucurbitáceas, o sea la calabaza, el pepino y el melón. En los Estados Unidos de América, el insecto adulto que sobrevive el invierno origina daños al alimentarse de las plantas tiernas que están brotando; la larva que surge del suelo se alimenta de la raíz de las plantas; y los adultos que surgen de esta larva se alimentan de las hojas, flores y frutos. Algunas de las medidas de control orgánico de este escarabajo incluyen la siembra más tarde en la temporada, el uso de trampas de cultivos, organismos parasíticos, y pesticidas orgánicos basados en plantas nativas.

Certificación de productos agrícolas y forestales
Estrategias para la adopción de la agricultura sostenible
La agricultura orgánica
La producción orgánica en RD

Certificación de productos agrícolas y forestales

En la actualidad, tanto en los países industrializados como en los países en desarrollo existe una tendencia creciente hacia la aprobación de leyes y normas que requieren que los productos agrícolas y forestales sean certificados por parte de agencias especializadas para que puedan ser comercializados como “orgánicos”, “biológicos” o “naturales”. Ya existen programas en muchos países de América Latina y el Caribe que ayudan a los pequeños y medianos productores rurales a producir de una manera más sostenible, por ejemplo a través de una fuerte reducción de insumos químicos.

En Latinoamérica y el Caribe, organizaciones internacionales como Rainforest Alliance están trabajando con gobiernos, empresas y organizaciones no gubernamentales conservacionistas, en el fomento de la agricultura sostenible. Hacen esfuerzos para crear coaliciones de grupos que enlazan a los productores responsables con los consumidores ambientalmente conscientes, por medio de sellos de aprobación certificada. La visión detrás de esta idea se basa en el concepto de sostenibilidad, y reconoce que el bienestar de las sociedades y los ecosistemas están entrelazados y dependen del desarrollo ambientalmente saludable, socialmente equitativo y económicamente viable. Iniciativas de esta índole buscan transformar las condiciones ambientales y sociales de la agricultura tropical, a través de la implementación de prácticas de cultivo sostenibles. En este sentido, los sellos de certificación que otorgan organizaciones como Rainforest Alliance a empresas agroproductoras, reconocen que en las fincas productivas involucradas hay: menos desechos, agua utilizada, contaminación de agua, y erosión de suelos; una reducción de amenazas al ambiente y a la salud humana; un hábitat de vida silvestre bien protegido; un manejo más eficiente de la finca; mejores condiciones para los trabajadores de la finca; una mejora rentabilidad y competitividad para los agricultores; y más colaboración entre los agricultores y conservacionistas.

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Estrategias para la adopción de la agricultura sostenible

Otras iniciativas en el Trópico del hemisferio occidental promueven la adopción de cambios en las prácticas convencionales de los pequeños productores a fin de fortalecer el rendimiento de la tierra y la protección del medio ambiente. Tratan de impulsar actividades de capacitación, y de acompañamiento y asistencia técnica, que permitan una fuerte reflexión sobre el entorno e ir adquiriendo una mentalidad más ambientalista. Estrategias que ayudan a alcanzar estos objetivos son: el establecimiento de huertos familiares en un contexto de economía local que pretende mejorar y diversificar los ingresos de las familias, así como su dieta alimenticia; la validación y el fomento de parcelas modelo donde se procura el desarrollo del potencial de los pequeños productores; el establecimiento de viveros comunales y huertos experimentales que generan experiencia de validación y ofrecen capacitación a los agricultores participantes; y la creación de fondos de crédito agropecuarios, con capacidad para atender a un suficiente número de productores en temporadas de producción.

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La agricultura orgánica

Afortunadamente, la agricultura orgánica es cada vez más vista como una alternativa para promover la diversificación de la producción de los pequeños agricultores en América Latina y el Caribe. Según un estudio del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA) los pequeños agricultores en diferentes países hispanoparlantes del continente americano adoptan más y más la agricultura orgánica como un mecanismo de producción sostenible, que consiste básicamente en la sustitución de insumos químicos sintéticos por prácticas agronómicas, biológicas y mecánicas. Ellos han, además, empezado a aplicar una variedad de prácticas de manejo integrado que son más amigables con el medio ambiente, como la implementación de medidas de conservación de suelos, rotación de cultivos, aplicación de abonos verdes, y uso de métodos mecánicos en sustitución de la quema. La mencionada investigación de la FIDA toma como uno de los casos de estudio la producción de banano en la provincia de Azua de la República Dominicana. Allí, organizaciones de pequeños agricultores tuvieron éxito al adoptar tecnologías de producción orgánica, y al comercializar y exportar sus productos orgánicos certificados.

La FIDA reporta que la adopción de métodos de producción orgánica en los casos estudiados tuvo consecuencias positivas en los ingresos de los pequeños agricultores. Aunque había diferentes situaciones y condiciones entre los casos estudiados, respecto a la evolución de costos de producción, rendimientos por hectárea y precios de los productos, en todos los casos los productores orgánicos obtuvieron mayores ingresos netos en comparación con su situación anterior. Se concluyó que la sostenibilidad de estos efectos dependía de varios factores, como la capacidad de mantener o aumentar los rendimientos por hectárea (lo que depende en parte del uso de abonos orgánicos que compensen la extracción de nutrientes realizada por los cultivos) y la futura evolución de los precios de los productos orgánicos. En el caso particular del banano en la República Dominicana, se observó que se habían aplicado sistemas de producción y tecnologías convencionales más cercanas a los sistemas y las tecnologías orgánicas. Esto causó que se experimentara un aumento en los costos de producción debido a la introducción de mejoras en tecnología. En general, se notó que la producción orgánica tuvo también efectos positivos sobre la salud de los pequeños productores y de los asalariados rurales, así como en el medio ambiente.

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La producción orgánica en RD

Una iniciativa dominicana muy reciente es la celebración, en el año 2008, de la semana de la Agricultura Orgánica Sustentable por el “Método Biointensivo”, evento organizado por el Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (IDIAF) y la Universidad Católica Tecnológica del Cibao (UCATECI) con el apoyo de la Fundación ECOPOL de México. Esta actividad tenía como propósito fundamental recuperar, de forma sostenible en el mediano plazo, la fertilidad de los suelos en la región norte de la República, en las provincias de La Vega y Espaillat. La estrategia empleada incluyó la capacitación de productores y técnicos agropecuarios de la región, en el uso de herramientas necesarias para manejar los principios del método biointensivo, la práctica de la composta, así como otras técnicas propias de este método. De esta manera propició la agricultura orgánica a pequeña escala, con bajo costo de insumos y alta productividad.

Como bien evidencian los ejemplos arriba mencionados, hoy la sostenibilidad de la agricultura es cada vez más visto como un elemento clave para el sano desarrollo sostenible de la República Dominicana. Esto lo ilustran los resultados del Proyecto de Desarrollo Agrícola Sostenible para los Pequeños Agricultores de la Región Norcentral de la República Dominicana (PAS), que fueron presentados en el 2009 por las Secretarías de Estado de Economía, Planificación y Desarrollo (SEEPyD) y de Agricultura (SEA), en conjunto con el Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (IDIAF) y la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA). Este programa, que ya cumple cinco años de funcionar, se está llevando a cabo en cinco sub-zonas agropecuarias de la Vega (Jarabacoa, Rincón, Barranca, Cutupú y La Torre). Tiene como objetivo incorporar a pequeños agricultores en el sistema de agricultura sostenible, elevar su competitividad e incrementar sus ingresos a través de la producción y comercialización de productos agrícolas de alto valor. Hasta el día de hoy, el programa ha trabajado alrededor de cuatro ejes: validación tecnológica, comercialización, extensión agrícola y difusión, y capacitación de técnicos y productores agrícolas. Como lo revelan los resultados presentados, se ha podido introducir exitosamente nuevas variedades de cultivo y tecnologías agrícolas, acompañado de una considerable reducción de uso de fertilizantes y pesticidas químicos, que han contribuido a elevar la productividad agrícola de manera sostenible y han traído ingresos adicionales a los pequeños productores. Además, los mismos productores agrícolas de La Vega también han manifestado su satisfacción con los resultados e impactos logrados.

Los expertos de la FIDA y demás agencias coinciden en que es esencial fortalecer las organizaciones de agricultores en países como la República Dominicana, ya que desempeñan un papel fundamental en la incorporación de los pequeños productores a la producción orgánica. Las razones principales son, que estas organizaciones: a) hacen posible el aprovechamiento de economías de escala en la comercialización de la producción, manejando volúmenes interesantes para los compradores; b) pueden capacitar a un gran número de pequeños productores en los principios de la producción sostenible, así como promover entre ellos la adopción de nuevas tecnologías; c) consiguen organizar sistemas de seguimiento para verificar que sus miembros cumplan con las normas de producción orgánica; d) logran atraer a organismos gubernamentales y no gubernamentales para que ayuden a la organización y a sus miembros a adoptar los cambios necesarios para iniciar con éxito la producción orgánica y sostenible.

Desde luego, se considera que también es clave que los productores obtengan mejores precios. Esto se hace posible cuando la comercialización de los productos orgánicos ocurra en forma directa, a través de organizaciones de productores que establezcan contactos directos con los compradores. Opinan los especialistas que los contratos de largo plazo son los mejores porque proporcionan un mercado seguro y precios más estables. En este sentido, el acceso al comercio justo también incrementa sustancialmente el precio final y reduce aun más la inestabilidad de precios.

Al trabajar sobre estos ejes estratégicos se puede transformar la sociedad hacia un desarrollo agropecuario más sostenible, donde se produce alimentos y fibras para el consumo humano de una manera amigable con el ambiente, económicamente más rentable, y a la vez más equitativo en cuanto a la distribución de costos y beneficios entre productores, comerciantes y consumidores.

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